"The sea's only gifts are harsh blows,Pues aquí me hallo dispuesto a afrontar la terrible tarea de expresar en escrito la sorprendente sucesión de calamidades que tuve ocasión de vivir a mi llegada a IKEALANDIA. Quiero dejar claro desde YA que no me pienso preocupar de la redacción ni pienso leerlo una vez haya terminado de escribir porque NO QUIERO. Igual de aquí a 100 años me encuentro con esto y pienso Dios en qué estaba pensando, esto necesita una mano de barniz literario o revisión. pero eso seguramente no pase, lo que va a pasar es que lo borraré. LA COSA ES, que nuestro héroe (del cual no revelaré aún el nombre) partió un buen día de Septiembre de su ciudad natal Córdoba la llana, capital del antiguo califato, vía Alta Velocidad Española con parada en Málaga. Una vez allí, un tanto aturdido dadas las fuertes emociones vividas Y las horas que eran, no fue tan fácil como uno se hubiera esperado encontrar una lanzadera hasta el aeropuerto. (Me estoy enrollando mucho). La cosa es, una vez más, que estando en el andén incorrecto se me acercó una amable señora de origen colombiano, como más tarde se desvelaría, Es éste el andén de la línea X, me dijo; Pues empiezo a pensar que no, le contesté; y nos dirigimos al que era, a sabiendas de que no me despegaría a la buena mujer hasta bien llegados al aeropuerto. Resulta que la mujer iba de vuelta a casa del trabajo, que había trabajado en el aeropuerto, por lo que creyó conveniente avisarme de que iba a pasar mucho frío durmiendo en el aeropuerto, que qué bien que iba a Suecia, ¿A Suecia era no?, ah, qué bien, ¿allí hace frío no? Ya veremos si es para tanto, esperemos que no, señora. No, no, pero muy amable, ¿eh?. Le dije que encantado y eso mientras ARRASTRABA la maleta que pesaría 5908427590847 quintales según la recuerdo, y me apeaba de la lanzadera. Nos bajamos yo y un puñado de suecos que volvían a su país después de disfrutar del sol de la costa del ídem, a juzgar por el rojo fuego intenso vivo y febril de sus caretos. Después en el aeropuerto no quiero destacar nada más que habría que ir pensando en acolchar los suelos de los aeropuertos porque no soy el único que pasa allí la noche y la zona lateral de la cadera se resiente. También se me acercó un señor en mi estado de sueñovigilia y me preguntó en inglés que si hablaba inglés. Le dije que sí y luego me contó una buena historia del copón con hermanos enfermos y hospitales omitiendo el hecho de que él estaba conmigo en el aeropuerto y el por qué de estar allí me parecía bastante vital en el desarrollo de la historia. La cosa es que quería un euro, y a mí se me olvidó de repente hablar inglés porque además ni yo era su primo ni quería darle un euro y le dije que no entendía que no entendía y el hombre mirándome como quien mira a un caso perdido se fue por donde vino. Voy a poner punto y aparte no porque me parezca que en el desarrollo de la historia hayamos llegado a un punto crítico ni nada sino porque sé que siempre es bueno tener donde posar la vista y esto está quedando largo y quien me conoce sabe que soy un ser amable y bondadoso.
"and, occasionally,
the chance to feel strong.
"Now, I don't know much about the sea,
"but I do know that
that's the way it is here.
"And I also know
how important it is in life
"not necessarily to be strong,
but to feel strong,
"to measure yourself at least once,
"to find yourself at least once in
the most ancient of human conditions,
"facing the blind, deaf stone alone
"with nothing to help you
but your hands and your own head. "
Ya en el avión se encendió la luz de Abrochénse los cinturones, justo al lado de la de No fume por el amor de cristo, que se pasa el viaje encendida, ¿alguien ha pensado en poner una pegatina? yo ahí lo dejo. (Éste no es mío).
Llegando a Skavsta está éste nuestro héroe, que pronto se dará cuenta de que Skavsta Estocolmo no es sino otro truco sucio de ryanair que te hacen creer que vas a aterrizar a menos de media docena de jornadas a caballo de la ciudad en la que se supone que está el aeropuerto. En este punto la maleta de oferta del Carrefour (mamones) ya mostraba signos de debilidad en su diseño
Como ya me he cansado y sé que vosotros también, dejaré el resto de la historia para otro momento, no sin antes ofrecer un adelanto:
En futuras entregas nuestro héroe (del que, recordemos, aún no he desvelado la identidad), se verá sin casa, ESTAFADO, engañado, burlado. Pero sacando fuerzas de flaqueza, me fui a vivir con un húngaro, a dormir en el suelo PAGANDO una cifra desmedida y desmesurada (que es lo mismo)mente alta. Más tarde, tendría un compañero en el que apoyarme o al que me entrarían ganas de estrangular por estupidez e ineptitud. Además no hay quien lo aguante. Por aquel entonces, estaba viviendo en un barracón después de llevar a cabo la 2ª mudanza (hostal*-húngaroville, húngaroville-barracón) a sabiendas de que no sería la definitiva (porque no me podía quedar a vivir en un barracón). No menos importante es el hecho de que, si bien el BARRACÓN (lo pongo en mayúsculas porque es la tercera vez que lo escribo y NO me sé ningún sinónimo) estaba al ladito de la universidad, ésta está a media hora en bici de la ciudad. Y lo que es peor, no tenía internet. Y NECESITABA internet para buscar casa, así que servidor se iba a chupar internet de la biblioteca. Respecto al apartado buscar casa a base de llamar, me dieron mil excusas, la más variopinta: que no le alquilaba el piso a españoles.
Finalmente, una familia sueca tuvo a bien acogerme en el seno familiar, con la pega de vivir a una media hora en bus de la ciudad y por lo tanto a 50 minutos de la universidad. Pero finalmente todo salió bien, y mejor que bien el último mes. Pero eso ya lo sabéis y es historia.
*En el hostal también hubo SUCESOS. No era yo ni mucho menos el único homeless en el edificio. Había una estudiante iraní (?) y un señor mayor que se pusieron a buscar conmigo. Mención especial al señor mayor: unos 70 años, 1 metro noventaytantos de estatura, cojo y turbocharlatán. Hice buenas migas con él y me lo iba a llevar a ver el fútbol, que me dijo que le gustaba, mi última noche allí, a modo de despedida. Pero el viejo carcamal ya se había bajado al bar cuando entré yo a preguntar si ponían el fútbol. También había dos franceses y uno de ellos no hablaba nada de inglés (a éste le di jamón).
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